El discurso de campaña de De la Espriella, cargado de un lenguaje polarizante y promesas de "depuración" institucional, evoca las épocas más dolorosas del conflicto armado. Su propuesta de implementar una "Seguridad Democrática 2.0", sumada a su explícita intención de desmantelar la arquitectura de paz —debilitando la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y recortando las garantías de protección a líderes sociales—, suena para los territorios más vulnerables como un tiro de gracia a la reconciliación y una tácita carta blanca para el resurgimiento de la violencia paraestatal.
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